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Desde que en 1906 D. Juan
Otero Colino comenzara en el mundo del vino instalándose
en un pequeño local de la villa de Benavente, hemos
ido adaptándonos a los cambios, tanto en los gustos,
como en los hábitos de consumo de nuestros clientes,
como en la tecnología necesaria para elaborar los mejores
vinos.
En 1911 comienza la construcción
de un almacén, en los terrenos que hoy ocupa la bodega,
donde se comercializan artículos de coloniales y, fundamentalmente
vino, ya que la filoxera había diezmado los viñedos
de la comarca y la demanda de vino era muy grande. El vino
fue siempre el producto principal del almacén, disponiendo
en estos primeros años de una pequeña bodega
de 40.000 litros de capacidad.
Pasan los años y cuando
su hijo Manuel Otero se incorpora a la empresa, se decide
poner en marcha un proyecto, arrinconado años atrás,
de construir una bodega para la elaboración de vino
con las nuevas plantaciones de viñedo de la comarca.
En 1950 comienza el vaciado
de lo que hoy es nuestra bodega subterránea. Primero
se construyeron 30 depósitos de hormigón, con
una capacidad de más de 300.000 litros. Los trabajos
avanzan lentamente al encontrarse un subsuelo de arena y grava,
en vez de los tradicionales de arcilla que existen en la zona.
El vaciado se realiza de forma totalmente manual con picos
y palas, calderos, tornos y poleas, amasando el cemento a
pie de obra con pala y rastrillos, utilizando la misma arena
que se sacaba de la bodega.
Por
fin, en la vendimia de 1952 se logra elaborar un pequeño
ensayo, pero es la vendimia de 1953 la que marca el inicio
de una nueva etapa.
Las obras continuarán
campaña tras campaña, aumentando la capacidad
de elaboración y modernizando la bodega. En 1963 se
adquieren los terrenos para la ampliación de la bodega,
con el fin de independizarla totalmente del resto de los almacenes
e iniciar el embotellado de vinos y el 25 de junio de 1965
se constituye la sociedad BODEGAS OTERO, S.A..
En
la actualidad, las instalaciones de Bodegas Otero ocupan una
superficie de 5.500 metros cuadrados, han pasado tres generaciones
familiares y cuentas con el soporte de más de 300 viticultores
que, año tras años, entregan sus uvas en nuestra
tolva y que también apuestan por un futuro donde la
calidad se impone, reestructurando sus viñedos y realizando
un esfuerzo económico y personal enorme.
La realidad de la bodega,
después de tantas modificaciones y ampliaciones, es
como si fuera un gran puzle cuyas piezas se hubieran ido encajando
durante estos 50 años, a partir de una pequeña
bodega subterránea de principios del siglo XX, dándole
una configuración muy especial que sorprende agradablemente
a quienes nos visitan.
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