Los vinos que están destinados a crianza solo proceden de cosechas excepcionales. Permanecen un mínimo de 12 meses los destinados a crianza y 24 meses los que se van a embotellar como reserva. Una vez pasado este tiempo, se controlan una a una las barricas antes de que el vino pase por gravedad a un depósito de nuestra bodega subterránea donde permanecerá unos meses hasta su embotellado.
El parque de barricas se renueva un 20% cada año, utilizando varias tonelerías, tipos de roble y procedencia (francés, americano y rumano) y distintos tipos de tostado, buscando conseguir los mejores resultados para cada tipo de vino que lleva nuestro apellido.